Llegar a Bavio por segunda vez resultó, principalmente, más fácil. Previa pasada por la casa de nuestro Director para conseguir la cámara y el voto de aliento emprendimos nueva retirada en busca de Nelly y Magdalena, que eran nuestras entrevistadas estrella para ese día.
El recorrido fue ameno y la ruta 11, aun plagada de pozos y pájaros, se presentó más familiar.
Al llegar a Bavio nos encontramos enseguida con Nelly, que con cara de "quería quedarme en casa durmiendo la siesta", nos esperaba sentada en el andén. Nos dispusimos a grabar la entrevista con un sol radiante de feriado y la mejor buena voluntad de su parte para contarnos su experiencia de vida vinculada al ferrocarril, así como su visión respecto de los cambios generados en el pueblo y en los pueblos adyacentes desde su desaparición.
De todas las cosas que pueden suceder cuando uno tiene que grabar una entrevista en exteriores pasó la más ruidosa, justo en la mitad, mientras que hablábamos de Bavio en sus orígenes, de los tantos insumos que eran transportados en el ferrocarril desde y hacia Bavio, unas personas se pusieron a arreglar su auto sobre las vías del tren (abandonadas, por supuesto) y el ruido que hacían lo invadió todo.
Con la mejor voluntad intentamos seguir grabando y al finalizar la entrevista cruzamos los dedos porque no se hubiera escuchado demasiado. No tuvimos suerte..
Desde allí nos dirigimos a casa de Magdalena, una de las señoras de Bavio que se dedicaba a la docencia y solía viajar hacia diferentes lugares en el ferrocarril para dar clase. Nos contó cómo era su vida en la época en la que tomaba el ferrocarril con frecuencia así como también detalló una serie inconmensurable de datos y anécdotas alrededor del tren y de la estación.
Nos puso al tanto, entre otras cosas, de la vida que se llevaba en la estación y de los grupos que se armaban en los viajes, los juegos, las charlas, los amores y las peleas, así como de la importancia de la fábrica de dulce de leche "Vacalin" en la vida de Bavio.
Si hay algo que se puede rescatar de Magdalena, además de su amabilidad y su encanto para contar, es su buena memoria.
Empapados de anécdotas, cuentos e historia, emprendimos el regreso a casa y dejamos en el camino el tiempo cuando Anabel, en un movimiento inexplicable dejó caer su reloj por la ventana de la camioneta.
